06 octubre, 2019

Ilustración 19b

España —mucho ojo! porque he notado / en la última votación, / que para un buen diputado / hay cinco o seis de cartón.

SEM – 247 x 313 mm – Sign. DIB 18/1/4887

España, una mujer vestida con traje goyesco, vara de mando con león de bronce, y anteojos para afinar la visión, pasa revista ante el Congreso de los Diputados, cuyos hilos mueve la mano del duque de la Torre, el general Serrano. Francisco Serrano (1810-1885), de vagas simpatías progresistas, fue el primer favorito de una joven reina de diecisiete años: «el general bonito» como la reina le llamaba en el año de su relación, 1847. Fue embajador en París (1856-1857) y capitán general de Cuba (1859-1862). En 1866 le fue concedido el Toisón de Oro en recompensa por haber logrado reducir, junto a O’Donnell, a los insurrectos del cuartel de artillería de San Gil, en Madrid, donde debía comenzar un movimiento cívico y militar que pretendía poner fin al reinado de Isabel II. Algo después, Serrano incorporó la Unión Liberal al movimiento revolucionario de 1868 y tras su triunfo pasó a presidir el Gobierno provisional.

En una semblanza aparecida en La Flaca, el 3 de abril de 1870, se decía de él: «Regente que no regenta, / Se estableció a buena cuenta / En el palacio de Oriente; / Y come tranquilamente / Sus dos millones de renta».

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