16 octubre, 2020

Ilustración 67

Como justa recompensa / el gabinete anterior / dio libertad a la prensa / quitándola al escritor

SEM – 149 x 194 mm – Sign. DIB 18/1/4908

Los periódicos de oposición progresista y demócrata durante los últimos años isabelinos –La Discusión, El Pueblo, La Iberia, Gil Blas, y otro diario cuya cabecera no alcanza a leerse– aparecen amordazados y maniatados por la censura. La legislación de la época isabelina en materia de imprenta incrementó el control gubernativo en los ámbitos preventivo, normativo y represivo. Hitos importantes de ese proceso fueron la Ley Nocedal (1857), y, en especial, el Real Decreto de González Bravo, de 7 de marzo de 1867, objeto de la sátira de esta acuarela.

La Discusión (1856-1887), fundado por el político y periodista Nicolás María Rivero –director inicial–, contó entre sus colaboradores con demócratas y republicanos como José María Orense, Manuel del Palacio, Carolina Coronado, y José Pi y Margall, entre otros.

La Iberia (1854-1898), creado por Pedro Calvo Asensio, era un periódico liberal y progresista que propugnaba la unión ibérica. En 1863 fue adquirido por Práxedes Mateo Sagasta y José Abascal; alcanzó una notable influencia en la década de los años sesenta y colaboró al triunfo de la Revolución de 1868.

Gil Blas (1864-1872), fundado por Manuel del Palacio y Luis Rivera, fue un importante periódico satírico, muy contrario a la monarquía, hostil a los moderados y de tono irreverente en lo religioso. Prestó gran atención a la caricatura y entre sus ilustradores destacaron, entre otros, Francisco Ortego, Daniel Perea, José Llovera y José Luis Pellicer. Entre sus colaboradores habituales de la primera época (1865-1866) se encontraba la firma SEM que el mismo periódico, con ocasión de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer en diciembre de 1870, atribuyó al poeta y a su hermano, Valeriano. SEM reapareció en 1868, inmediatamente antes y después de la Revolución.

En un dibujo de Ortego, publicado en marzo de 1865, podía verse a un redactor del periódico con todo el cuerpo inmovilizado por las cadenas, con un pie que decía: «Nueva Ley de Imprenta. ¡Ahora puede Vd. escribir de cuanto le dé la gana!». En una «Fisonomía de la prensa política», aparecida en Gil Blas en noviembre de 1867, el periódico se definía haciendo una parodia de El diablo mundo, de Espronceda, en la que la nave se trasmutaba en nube: «¡Allá va la nube! / ¿quién sabe do va?».

Sobre estos versos véase el comentario de la acuarela núm.12.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies