1 abril, 2019

Ilustración 9

La huida…à Pau / -Arrea, Paco querido, / que aquí nos han conocido!

V. SEM – 142 x 185 mm – Sign. DIB 18/1/4888

 

 

El tema de la huida a Francia de la reina y su camarilla es motivo de diferentes acuarelas. En esta vemos al padre Claret que tira de una soga sujeta al cuello de un cornudo Francisco de Asís mientras sor Patrocinio, a quien lleva el rey a sus espaldas, le apremia con un látigo. El inicio de la Revolución –así lo había exigido el almirante Topete– sorprendió a la familia real en San Sebastián, en sus vacaciones de verano. Isabel II abandonó España el 30 de septiembre de 1868. Junto a la familia real viajaban el padre Claret, sor Patrocinio, y Carlos Marfori. Fue recibida en Biarritz por Napoleón III. Tras una estancia en Pau, en el castillo de Enrique IV, casa solar de los Borbones, los reyes se trasladaron a París a comienzos de noviembre, alejándose de la frontera como deseaba el emperador francés.

En Pau está firmado el Manifiesto de Isabel II a los españoles, en el que se reafirmaba en sus derechos y que comenzaba así: «En la noble tierra desde la cual os dirijo la palabra y donde quiera que me halle, sufriré sin abatirme mi infortunio, que es el infortunio de España». Su ampulosa retórica, y su contenido, fue objeto de la sátira de periódicos como Gil Blas o El siglo ilustrado.

Aparece aquí por vez primera la controvertida sor Patrocinio, que ejerció una gran influencia sobre el rey y más tarde sobre la más bien primitiva religiosidad de la reina. María Josefa Dolores de Quiroga, llamada sor Patrocinio (1811-1891), tomó el hábito de la orden de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora en 1830 y fue conocida como «La Monja de las Llagas», supuestos estigmas que le otorgaron gran popularidad y que le aparecían desde 1834-1835, cuando sentía que las medidas liberales afectaban a la Iglesia.

De notable filiación antiliberal, fue desterrada de la Corte por orden del gobierno en varias ocasiones. A juicio de lord Howden, sor Patrocinio más que comercio con el cielo tenía un comercio muy directo con Palacio, siendo responsable de lo que el embajador británico calificó de «invasión político-religiosa». Marchó al exilio con la familia real con la que se mantuvo hasta 1871.

Ese año, y al parecer con la ayuda de Salustiano de Olózaga, abandonó París huyendo del estallido revolucionario de La Comuna. En 1869, en el soneto por el aniversario de la Revolución de Septiembre, escribió Manuel del Palacio: «Un año cumple que la inmunda tropa / De moderados, frailes y Borbones, / Del poder arrojada a pescozones / Pasó a la emigración con viento en popa».

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