26 julio, 2021
Ilustración 104
¡A Vico!
SEM – 148 x 195 mm – Sign. DIB 18/1/4919
Olózaga, junto a un enorme Toisón cuyo cordero ha sido convertido en macho cabrío –recurso gráfico que se reitera en las caricaturas de esos años– lamenta la orden que le da el general Serrano para que se marche a Vico. Olózaga había adquirido gran cantidad de bienes desamortizados y, entre ellos, en1844, el monasterio franciscano de Vico, en la localidad riojana de Arnedo. «El señor don Salustiano / se ha ido a Vico a vejetar; / asegura que no sabe / donde vamos a parar», decía una cuarteta aparecida en Gil Blas, en febrero de 1869.
Salustiano de Olózaga (1805-1873) suele ser satirizado con el Toisón que le había concedido la reina en 1843 cuya aceptación fue muy criticada por todo el arco político progresista y demorrepublicano.
En febrero de 1871, Gil Blas comenzó con Olózaga una sección titulada «¡Vivitos que colean!», en la que se le caracterizaba de este modo: «Sería el miembro más aristocrático de la Cámara de los Comunes, si en España hubiese Cámara de lores. Es un ejemplar de la transición entre el bourgeois y el noble; recuerda y ayuda a comprender el tipo del hidalgo campesino que menciona Eugenio Sue en su obra maestra. Es francés en su modo de aplicar el sistema parlamentario, español en su respeto y sus lisonjas a las tradiciones populares, florentino en su esgrima política y corso en la vendetta. Presintió hace años el advenimiento a la vida pública de una juventud revolucionaria, y desde entonces ningún joven pudo descollar en el partido progresista».
Los generales de la Revolución de 1868 le marginaron como líder del progresismo y le nombraron embajador en Francia, un destino que más tarde le mantuvo la República. Falleció en Enghien-les-Bains, en un elegante balneario cercano a París, en 1873.
Jesús Rubio y Javier Urbina mencionan un retrato de Olózaga, firmado por SEM, publicado en el periódico Los Sucesos, el 18 de octubre de 1868, con un texto en el que se afirmaba: «[…] fue el primero que se levantó en frente del trono de Isabel de Borbón, el primero que tuvo el valor de acusarla ante el país, y de sus labios brotó el delenda est de la dinastía. / Los Borbones escóndense hoy allende el Pirineo, Olózaga recibe por doquiera las muestras del cariño, del agradecimiento que España le profesa. Lección magnífica para los reyes, lección para los que sólo arrastrarse ante el poder saben…». La imagen es muy similar a la caricatura de Ortego publicada en Gil Blas, en abril de 1870, cuyo pie decía: «Fue su elocuencia de fuego, / pero ya no mueve el labio / porque le gusta el sosiego; / podría haber otro más sabio, / pero más cuco, lo niego. / Si algún patriota formal / le hace un discurso encomiástico, / debe decir al final: Fue el primer antidinástico… / y el último liberal».
La Flaca le convirtió en objeto de frecuentes críticas por promover que el régimen surgido de la revolución fuera una monarquía. En julio de 1869, una caricatura le mostraba atendiendo una agencia de colocación de reyes cuyo rótulo leían con atención Isabel II, su hijo Alfonso, el duque de Montpensier y Carlos de Borbón. Algo después, en otra caricatura donde se le veía solicitado por diferentes pretendientes, decía el embajador: «—Por Dios, señores, no me pongan Vds. en el duro trance de retirarme a Vico». En abril de 1870, podía leerse esta semblanza: «Tiene vasta inteligencia, / Buena figura, experiencia, / Y facilidad de hablar… / Hoy tiene abierta una agencia / De reyes por colocar». Olózaga defendió la candidatura de Fernando II de Sajonia-Coburgo que fracasó frente a la de Amadeo de Saboya, postulada por el general Prim.
Véanse las acuarelas núms. 77 y103.
