7 febrero, 2019

Ilustración 3

El Papa – Ricorta il capelo, scattima in tuto; gli danaro de Spagna per Roma e perdutto.

SEM – 232 x 282 mm – Sign. DIB 18/1/4880

 

 

El largo papado de Pío IX (Giovanni María Mastai-Ferreti, 1792-1878), entre 1846 y 1878, coincidió con la implantación del liberalismo en buena parte de la Europa católica. En 1864 publicó el Syllabus complectens praecipuos nostrae aetatis errores, en el que se condenaban, entre otras opiniones, el liberalismo y la autonomía de la sociedad civil. La encíclica Inter multiplices (1853), señalaba la necesidad de que los católicos creasen sus propios órganos periodísticos.

En 1876, en una alocución a los representantes de la prensa católica, afirmó: «Queridos hijos míos, cuando la hipocresía desenmascarada me obligó hace veintiocho o veintinueve años a abandonar Roma y refugiarme en Gaeta, veía salir de la cloaca del infierno una masa de podredumbre y extenderse enseguida por el mundo católico gracias a los periódicos y grabados. Entonces alenté y aconsejé a los espíritus capaces de sostener los derechos de la verdad y de la justicia que tomasen la pluma, que difundiesen la verdad por medio de los periódicos y que contradijesen las mentiras de la revolución».

Las relaciones entre el régimen liberal español y la Iglesia católica fueron difíciles tras las medidas de desamortización eclesiástica. Con el Concordato de 1851 se llegó a un acuerdo duradero, con grandes beneficios materiales, culturales y jurídicos para la Iglesia. La acuarela, que muestra al padre Claret besando la mano del papa, hace referencia a la posibilidad de que Roma perdiera las generosas donaciones españolas tras la Revolución de 1868.

Antonio María Claret (1807-1870), arzobispo de Santiago de Cuba, fue nombrado confesor de la reina en junio de 1857 y ejerció una gran influencia en las decisiones de Palacio, mostrando su rechazo al reconocimiento del reino de Italia en 1865. Acompañó a Isabel II al exilio, aunque en 1869 viajó a Roma por el Concilio Vaticano. Falleció en Francia, en la abadía de Fontfroide, en1870. Fue canonizado en 1950.

En Gil Blas, en octubre de 1868, en la sección «Cabos sueltos», se parodiaba una carta del nuncio Antonelli que habría recibido la reina en Pau, primera residencia de su destierro. En ella se afirmaba: «¡Ah poverina! Voi siete disgrasiatta; ma io sono ancora piu disgrasiatto per la falta de pesetti e de duri. ¡Ah, misera donna e anchio misero! / ¡Oh que bella é la moneta española! Il vostro semblante esculpito nella, mi fa delirar…».

En las acuarelas núms. 40, 47, 72 y 86, se hacen comentarios mordaces sobre la controvertida concesión a Isabel II, por parte de Pío IX, de la Rosa de Oro.

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