6 mayo, 2020

Ilustración 46

Yl est très content de soi, / Yl fait les premiers pas / Pour se faire des danseurs … : roi.

SEM – 140 x 195 mm – Sign. DIB 18/1/4901

Escena en un jardín de París en la que el príncipe Alfonso toca el violín sobre un pedestal que lleva su nombre. En torno suyo vemos a Nicolás María Rivero, con un embudo en la cabeza, que baila dentro de un pellejo de vino; a un mulo que calza botines en sus patas traseras y luce las iniciales RZ, en referencia a Ruiz Zorrilla; y sobre un macetón a un pavo real cuya cabeza es la de Prim. Al fondo flota la cabeza del emperador Napoleón III. En una caricatura de Ortego, publicada en Gil Blas en julio de 1870, el emperador le dice al príncipe: «—Anímate, chiquillo, que si salgo bien te sentaré en la silla de Fernando VII». Prim, Rivero y Ruiz Zorrilla apoyaron la candidatura de Amadeo de Saboya a la corona de España.

A diferencia de lo sucedido otras veces, en esta, escribió el embajador francés Turgot, el «Príncipe es fuerte, bien constituido y da todas las esperanzas de vida y de buena salud». El príncipe nació en el Palacio Real el 28 de noviembre de 1857; fue nombrado heredero tras la abdicación de la reina en junio de 1870, y reinó con el nombre de Alfonso XII encarnando la Restauración de la monarquía borbónica y un nuevo pacto político que implicaba el turno en el gobierno de los dos grandes partidos monárquicos. Falleció en 1885.

Era común atribuir la paternidad del príncipe a Enrique Puigmoltó y Mayans, capitán de Ingenieros y desde marzo de 1856 al mando de uno de los batallones de guarnición en la Corte; en abril de 1857 se le confirió un antiguo título familiar, vizconde de Miranda, cuando la relación entre Puigmoltó y la reina era de dominio público. Para acabar con los rumores o porque la relación ya había concluido, el favorito real fue destinado a Valencia en febrero de 1858. Con él, como escribe Carmen Llorca, la reina puso fin a sus relaciones con militares jóvenes, guapos y laureados con la Cruz de San Fernando. En Gil Blas, en junio de 1869, se decía: «No, no hemos inventado nosotros la palabra Puigmoltejo. / Es el nombre con que la aristocracia española residente en París, distingue a Alfonsito. / La aristocracia española está en el secreto de los amores de cierto militar. ¡Pues poquito se habló de ello en Madrid, cuando nació Puigmoltejo!» En enero de 1872, en una poesía titulada Los príncipes, Luis Rivera reiteró la popular sospecha: «Valiente ocurrencia ha sido / la del gobierno español, / dar un título de príncipe / como quien da un bofetón. / […] Príncipe es el niño Alfonso, / y según el vulgo atroz, / sin que tuviera su padre / la menor satisfacción».

Nicolás María Rivero (1814-1878) fue un notable periodista y político progresista que intervino en la creación del Partido Democrático en 1849. En 1856 fundó el periódico La Discusión. Colaboró en la Revolución de 1868 tras la cual fue nombrado alcalde de Madrid. Defendió la candidatura de Amadeo de Saboya a la corona de España y presidió las Cortes en 1869-1870 y de nuevo en 1872-1873. En esa última fecha, apenas proclamada la República, a la que prestó su apoyo, se exilió al fracasar la sublevación radical contra los federales. Regresó a España un año después.

Manuel Ruiz Zorrilla (1833-1895) era miembro del Partido Progresista y su intervención en la sublevación del cuartel de San Gil, en 1866, le valió una condena a muerte que esquivó con el exilio. Colaboró en la caída de Isabel II, y en el primer gobierno revolucionario desempeñó la cartera de Fomento, estableciendo la libertad de enseñanza y decretando la incautación por el Estado de los bienes no eclesiásticos de catedrales, cabildos, monasterios y órdenes militares. El 16 noviembre de 1870, como presidente del Congreso de los Diputados, proclamó rey de España al duque de Aosta, que obtuvo 191 de los 311 votos. Tras la proclamación creó el Partido Radical. Acompañó al rey al exilio tras su abdicación y se opuso al régimen de la Restauración, enfrentándose a Antonio Cánovas del Castillo. Miembro del Partido Reformista Republicano, sus divergencias con Nicolás Salmerón le llevaron a fundar en 1880 el Partido Republicano Progresista con el que intentó, sin éxito, derrocar a la monarquía a través de la insurrección militar.

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