23 febrero, 2019

Ilustración 4b

Los Polichinelas del clero

SEM – 141 x 195 mm – Sign. DIB 18/1/4834

 

 

El padre Claret como flautista mueve los hilos de unas marionetas. Los polichinelas son Isabel II y Francisco de Asís, rey consorte, y una pareja que resulta muy aventurado identificar. No parece que puedan ser Amadeo de Saboya y su esposa, Mª Victoria del Pozzo della Cisterna –como ha sugerido Cabra Loredo– porque no tenían relación alguna con Claret y, por tanto, no podían ser títeres suyos como denuncia la sátira. Podría tratarse de la  infanta Isabel y del conde de Girgenti, de la Casa Borbón de Nápoles, que habían contraído matrimonio en Madrid el 13 de mayo de 1868. Este matrimonio fue muy criticado entre los liberales por la clara tendencia absolutista y clerical de los Borbones napolitanos.

Aparecen por vez primera en el álbum Francisco de Asís, y supuestamente la infanta Isabel y el conde de Girgenti. Isabel de Borbón y Borbón (1851-1931), hija mayor de Isabel II, fue conocida popularmente como La Chata. En su momento, las malas lenguas atribuyeron su paternidad a José María Ruiz de Arana, hijo del conde de Sevilla la Nueva, introductor de embajadores. Por tal razón, en algunos círculos era conocida como «La Araneja». El príncipe Cayetano María de Borbón-Dos Sicilias, conde de Girgenti (1846-1871), era hijo de Fernando II de Borbón y de la archiduquesa María Teresa de Austria, reyes de Nápoles. El matrimonio entre el conde napolitano y la infanta duró apenas tres años. Girgenti se suicidó en noviembre de 1871 en Suiza.

Francisco de Asís de Borbón (1822-1902), era hijo del infante Francisco de Paula, hermano de Fernando VII y de Luisa Carlota, hermana de su cuarta esposa (y madre de Isabel II) María Cristina de Borbón. Era, por lo tanto, primo hermano de la reina por partida doble. El matrimonio –no deseado por Isabel II– se celebró en 1846, cuando ella tenía dieciséis años. El embajador británico H.L. Bulwer escribió sobre el rey consorte que «no tenía las cualidades necesarias para hacer feliz a una mujer». Era común representarlo con cuernos y con el apelativo de Paquita, en alusión a su supuesta homosexualidad. De carácter ruin y taimado, eran conocidas sus simpatías absolutistas y su cercanía al carlismo.

El padre Claret junto con sor Patrocinio, ilustra el modo en el que desde los tiempos del Bienio y de manera cada vez más intensa, la Corte española se había convertido en un ámbito de fuerte impronta ultracatólica que trataba de contrarrestar otros espacios de poder e influencia política como el Gobierno o las Cortes. Claret defendió constantemente ante la reina los intereses de la Iglesia católica y de la unidad religiosa, manifestando una profunda hostilidad al liberalismo en todas sus formas. El diplomático italiano M. Cavalchini lo percibió bien en 1864 cuando afirmó que en España había dos gobiernos: uno oficial y otro oculto, que residía en Palacio. Una camarilla –decía el diplomático en su informe– por la que se dejaba guiar la reina «creyendo que los consejos de los curas salvarán su alma un poco atormentada por los pecados y por los que el favorito le ha hecho cometer».

Sobre la infanta Isabel véanse las acuarelas núms.14, 26, 32, 49, 63, 72, 76 y 84.

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