26 junio, 2020
Ilustración 53
Y aquel pacientísimo cordero / callaba y sostenía el candelero.
SEM – 146 x 191 mm – Sign. DIB 18/1/4903
Francisco de Asís, con los ojos vendados, alumbra una escena que transcurre en la alcoba real. En ella, el padre Claret bendice a la reina y a Carlos Marfori, vestido de pastelero. En una serie de «Epitafios» publicados en Gil Blas en octubre de 1868, podía leerse uno dedicado a Marfori: «Fue marqués; tuvo dinero; / desde humilde pastelero / en palacio fue admitido; / sólo una cosa no ha sido / en su vida: caballero». Casado con María de la Concepción Fernández de Córdoba, prima hermana de Narváez y protegido suyo, Marfori (1821-1892) fue escalando puestos en la administración del Estado desde sus oscuros orígenes como hijo del dueño de una fonda de Cádiz.
El marques de Lema le definió como «mozo gallardo, aunque algo ordinario, listo y de mucha labia. Dedicóse a ganar la voluntad del general hasta que lo consiguió. Narváez, hombre de voluntad y pasiones vivas, encontró quien procuraba adivinarle el pensamiento». La relación permitió a Marfori abandonar el ejército en 1845 y ocupar varios empleos gubernamentales. Su carrera política cobró fuerza a partir del regreso de Narváez al Gobierno en 1856: director general de rentas estancadas, gobernador civil de Madrid y diputado por primera vez en 1857 (por el distrito de su patrón, Loja) hasta 1865. Para entonces ya se había convertido en una suerte de álter ego de Don Ramón: además de ocuparse de sus asuntos económicos –sería designado heredero fideicomisario junto con Manuel Seijas Lozano– actuaba como intermediario entre el general y las diversas facciones del Partido Moderado.
Tras la caída de O’Donnell volvió a ser gobernador civil de Madrid, senador desde 1867, y ministro de Ultramar entre junio de 1867 y abril de 1868. Isabel II llegó a nombrarle intendente de Palacio. Acompañó a la reina al exilio y la presionó para que no abdicase en su hijo Alfonso. Regresó a España en 1875 y Cánovas ordenó encarcelarlo. Liberado en 1877, se retiró a sus tierras de Loja. Diez años más tarde exigió dinero del Gobierno con la amenaza de publicar noticias sobre su relación con la reina.
