APUNTE BIOGRAFICO

 

 

 

Miguel Guerra Zamora

 

 

A Miguel Guerra Zamora, no le hace falta cámara fotográfica para retener los colores de la Ajarquia, él ha sabido compartir con la naturaleza, una estrecha complicidad de coloridos y sentimientos, a cambio de secretos primigenios del color y fantasía. Violetas azulados que se diluyen por las lomadas sinuosas , entre las tonalidades que cambian al ojo del espectador, mientras parece, que en esa contemplación se llegase poco a poco al ocaso, y sucumbiera la misma tarde de todas sus tardes ,en matices de oscuridades y recelos luminosos, que abrazan la armonía del ser y el Universo.

Cuando días atrás, mi amigo y artista Ricardo Miguel Guerra Zamora, me llamó para decirme que exponía en el Ateneo de Madrid, además de producirme una gran satisfacción y alegría, me sobrevino un cierto grado de inquietud por la responsabilidad que me producía, el tener que dibujar en breve espacio, algo que fuese de justicia y que no pareciera un regalo o favor, honestamente por otra parte con merecimiento sobrado en todos los aspectos hacia él.

Miguel Guerra Zamora, es además de un gran artista, un ser encantador, de niñez retenida, con un gracejo lingüístico, que adivina su larga estancia en el Benelux, donde ha adherido a su verbo, el andaluz afrancesado por su larga estancia y recorrido por el noroeste europeo. Con ese mundo atrapado, ha guardado en las hojas del libro de su vida, situaciones oníricas que él solo conoce e interpreta.

Su razonamiento pictórico, es tan solo un anticipo del archivo de su memoria. Estamos viendo que sus almendros, de flor tenue, entre añiles o morados, se cruzan entre soles alejados y trasponen por torrenteras, donde se encapan todos los atardeceres de sus colores sin anidar de su paleta. Unos recodos que se pierden entre áureos pensamientos y piedras , hasta besar entre neblinas ,un nuevo camino de naranjos y olivos retorcidos, mientras parece hasta olerse en el espacio de su obra un tenue perfume de acacias y jazmines que golpean de caricias y te elevan en un vientecillo de sierra próxima, helado y sensitivo.

Miguel Guerra es pintor de espacios sin complicaciones, donde se asientan sus duendes domésticos, esos que le ayudan a tejer en sus horas mágicas, las hilachas de su excelsa iluminación creativa. Naif para unos, que a golpe de ver sin pararse , equivocan la noticia y el mensaje, otros sabrán sin duda que su pintura es el nacimiento del ser en sí mismo, sin distracciones y sin más bagaje que su intento más puro. Nostalgias de ayer entre minutos de otros espacios más presentes, pero siempre suyos en su intimidad más sagrada y solitaria. Asomarse a la obras de Ricardo Miguel Guerra Zamora, es abrir una ventana al campo andaluz, lleno de cantos de jilgueros, ruiseñores y verderones, cantos -digo de aleteo y rocíos, mientras en las ramas de sus arbolillos se recrean entre abubillas y chicharras, los pétalos caídos de sus almendros en flor.

Miguel Guerra es un paisaje en sí mismo, lleno de ingenuas barbaridades explosivas de creación y ternura.

 

Texto de: Juan Antonio Segovia, Poeta y pintor

Miguel Guerra Zamora

PINTOR

ESPAÑA – 1937

OBRAS EN ESTA GALERIA: 11

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