APUNTE BIOGRAFICO

 

 

 

 

Cândido Portinari

 

 

Cândido Portinari, (Brodosqui, 1903 – Río de Janeiro, 1962) Pintor brasileño. Procedente de una familia humilde de inmigrantes italianos, desde muy pequeño manifestó sus condiciones artísticas. A los 15 años, para mejorar su formación, se trasladó a Río de Janeiro, donde viviría el resto de su vida.

No aprobó el examen de acceso en la Escuela Nacional de Bellas Artes y decidió matricularse en el Liceo de Artes y Oficios. Finalmente, pasó a Bellas Artes, donde completó sus estudios. Fue alumno de Joao Bautista da Costa, Lucilio Albuquerque y Rodolfo Chambeland, que siguió con interés los retratos del artista.

En los comienzos de su carrera recibió una fuerte influencia del pintor, escultor y grabador sueco Anders Zorn y del pintor español Ignacio Zuloaga. Dejó patente la influencia de éste último en su retrato del poeta Olegario Mariano, con el que ganó el viaje al extranjero en el Salón Nacional de Bellas Artes en 1928. En algunos de sus retratos manifestó la influencia de Modigliani. Conoció muy bien la obra de Pablo Picasso; el Guernica fue la obra que más le marcó. Coincidió con él al hacer una pintura de grandes dimensiones, con una tendencia expresionista, así como por la fuerza dramática de sus murales y la importancia del hombre en toda su obra. Aunque fue un pintor muy colorista, alternó los colores fríos y monocromos.

Con el premio ganado en 1928, Portinari viajó a Europa, fijó su residencia en París y visitó varias ciudades europeas. Fue una época de poca producción pero de mucha observación en museos y galerías, donde pudo estudiar a los grandes pintores, conocer las nuevas corrientes pictóricas y, sobre todo, descubrir la pintura al fresco.

Regresó a Brasil en 1930 con un fuerte deseo de pintar la realidad de su pueblo con un nuevo lenguaje pictórico. Muchos de los encargos de murales que realizó en esta etapa fueron hechos por el dictador Getulio Vargas, lo que no le impidió retratar de manera dramática la realidad social y humana del país. Portinari mostró siempre en su pintura la tragedia de los pueblos y las gentes menos favorecidas; es constante la presencia del obrero, del campesino, del niño, de la mujer, así como la preocupación religiosa. Trabajó la corriente abstracta solo como experiencia de estudio y, aunque recibió influencia de ella, la figuración fue siempre más fuerte en él.

Estuvo afiliado y nunca se desligó del Partido Comunista Brasileño. Se presentó como candidato de este partido a diputado federal en 1934 y a senador en 1946. No tuvo éxito en política y fue derrotado en ambos casos. También fue en esta etapa profesor en la escuela de Bellas Artes y en la Universidad del Distrito Federal en Río de Janeiro.

A través de su vida, Portinari pintó innumerables murales no sólo en Brasil, sino en otros países. En 1935, recibió su primer reconocimiento en el exterior: fue mención honorífica en la exposición internacional del Instituto Carnegie de Pittsburgh, Nueva York, con su pintura Café. Entre sus obras más importantes destacan los paneles de Guerra y Paz en el edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, El descubrimiento de Brasil para la Biblioteca del Congreso en Washington, los tres grandes paneles para el pabellón brasileño de la Exposición Internacional de Nueva York en 1939 y una serie de murales para el edificio del Ministerio de Educación sobre los ciclos económicos del Brasil.

Un texto de Eduardo Galeano sobre Portinari

– Portinari no está – decía Portinari. Por un instante asomaba la nariz, daba un portazo y desaparecía. Eran los años treinta, años de cacería de rojos en Brasil, y Portinari se había exiliado en Montevideo. Iván Krnald no era de esos años, ni de ese lugar; pero mucho después, él se asomó por los agujeritos de la cortina del tiempo y me contó lo que vio: Cândido Portinari pintaba de la mañana a la noche, y de noche también.- Portinari no está – decía. En aquel entonces, los intelectuales comunistas del Uruguay iban a tomar posición ante el realismo socialista y pedían la opinión del prestigioso camarada.- Sabemos que usted no está, maestro – le dijeron, y le suplicaron:- ¿Pero, no nos permitiría un momento? Un momentito. Y le plantearon el asunto.-Yo no sé – dijo Portinari. Y dijo:- Lo único que yo sé, es esto: el arte es arte, o es mierda.

Un Son para Portinari

Se dice que una noche, en un bar de Buenos Aires, Nicolás Guillén, su compañero de ideas, tertulias literarias y exilio, escribió en una servilleta el poema “Un son para Portinari”. Años después, otro exiliado, el chileno Horacio Salinas, director del conjunto Inti Illimani lo musicalizó e incluyó en un disco y en el repertorio musical de dicho conjunto.

Para Cándido Portinari

La miel y el ron,

y una guitarra de azúcar

y una canción,

y un corazón.

para Cándido Portinari

Buenos Aires y un bandoneón.

 

Ay, esta noche se puede, se puede,

ay, esta noche se puede, se puede,

se puede cantar un son.

 

Sueña y fulgura.

un hombre de mano dura,

hecho de sangre y pintura,

grita en la tela.

sueña y fulgura,

su sangre de mano dura,

sueña y fulgura,

como tallado en candela;

sueña y fulgura,

como una estrella en la altura,

sueña y fulgura,

como una chispa que vuela…

sueña y fulgura.

 

Así con su mano dura,

hecho de sangre y pintura,

sobre la tela,

sueña y fulgura,

un hombre de mano dura.

Portinari lo desvela

y el roto pecho le cura.

 

Ay, esta noche se puede, se puede,

ay, esta noche se puede, se puede,

se puede cantar un son!

 

Para Cándido Portinari

la miel y el ron,

y una guitarra de azúcar

y una canción,

y un corazón.

para Cándido Portinari

Buenos Aires y un bandoneón.

 

Texto extraído de: http://www.agensur.info

 

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