APUNTE BIOGRAFICO

Mazen Boukai

 

 

 

 

Mazen Boukai (Damasco, 1959) no llegó a Madrid como la mayoría de sus compatriotas que huyen de la guerra, no. El pisó España por primera vez en 1989 atraído por el «flamenco a lo grande», cuenta. «Yo tocaba un poco la guitarra, de oído…», reconoce. Un amigo que estaba estudiando en Granada le invitó a pasar una temporada y Mazen no se lo pensó dos veces: ¡por fin podría ver en directo a los más grandes guitarristas, a los que él más admiraba!

Y aunque fue la música lo que le trajo hasta Andalucía, la pintura hizo que se quedara. Porque Mazen Boukai pintaba ya con nervio, no con el corazón sino con el estómago. Un marchante de arte se dio cuenta del potencial de aquel joven sirio y le convenció para quedarse un tiempo en el país y preparar algunas exposiciones de arte. Fueron dos años en los que mostró sus cuadros por toda Andalucía y otras comunidades. «Y cuando decidí que ya había llegado el momento de marcharme conocí a Paloma, mi esposa. Era la directora del centro cultural de Madrid al que llevé la última exposición antes de marcharme. Entonces cambió todo», explica el sirio.

Desde entonces, Mazen Boukai ha vivido como un español más, aunque su patria siempre ha estado muy presentes en su mente y su corazón. Ha sido en Madrid donde ha realizado toda su carrera como artista durante los últimos 24 años, tiempo en que ha trabajado sin descanso y ha expuesto en muchas ocasiones.

Cuando tiene que calificar su obra no habla de estilos, pues considera que ese encasillamiento se ha quedado algo antiguo. Su trabajo es muy personal, es una expresión de sinceridad, una expresión. «No pinto con ganas de impresionar o ganar dinero, más bien intento comunicar sentimientos, sensaciones…», describe. En acrílico, óleo o técnica mixta, Mazen Boukai pinta retratos, bodegones o paisajes a veces inventados y a veces copiados de una foto, de muchos lugares diferentes, tanto de Siria como de España, pero muy modificados, hasta el punto de dejarlos irreconocibles. Los convierte, casi, en una abstracción. Y los detalles y las formas desaparecen. “Simplifico al máximo para resumir la imagen en una mínima expresión, una ráfaga de aire o del perfume que dan los paisajes».

A Mazen le duele la guerra en su país, y por eso no pinta tanto como antes, reconoce. «Para sacar algo que merezca la pena tengo que invertir mucho más tiempo y trabajo que antes porque sufro una falta de concentración tremenda», reconoce. Pese a ello, su obra sigue creciendo y se puede visitar en la galería Xeito de Madrid.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies